Cada cierto tiempo, tenemos la suerte de contar con uno de estos muñecos en nuestro hogar. Viene acompañado de un cuaderno donde tenemos que escribir nuestras vivencias con el muñeco (siempre como si fuera el niño quien escribe).
El proceso es el siguiente: recibes al muñeco en casa; lees lo que escriben otros padres y el domingo empiezas a recopilar fotos y a echarle imaginación...
Mis hijos son más mayores, y el muñeco en cuestión les hace más ilusión. Pero mi sobrina, con un año y medio, pasa literalmente del bicho, y ha sido un triunfo sacarle una foto con él. Además los otros padres, ponen el listón alto con largas historias que es imposible que hayan vivido en una semana.
Al final mi hermana ha tenido una buena idea, sacar al muñeco con los otros muñecos y poner en el pie de foto: "Pío con sus amiguitos" y así ha cubierto buena parte de la historieta que se ha tenido que inventar, por supuesto.
Además nos reíamos pensando que lo debería poner en el cuaderno. Si nos ceñimos a la realidad, debería ser:
Querido Pío, literalmente esta semana he pasado de ti. Mis padres piensan que estas mugroso y prefieren que no me toques mucho. Han hecho cuatro fotos y te han metido en la lavadora. Se están rompiendo la cabeza inventándose una historia, que ocupe por lo menos cuatro hojas del cuaderno que viene contigo... Pobrecillos, les está costando un triunfo, sobre todo teniendo en cuenta lo sueltos que andan con el boli...
Si os digo la verdad, cuando imprimes las fotos que pones en el libro, te encanta ver al enano con el muñeco y recordar algunas cosas. Hay que disfrutar de estos momentos, que luego lo echaremos de menos.
Pasadas tres semanas, a mi hermana ¡le ha vuelto a tocar el muñeco! Ahora sí que está superada, porque la inventiva se acabó la última vez...